A los 96 años, el “contador de Auschwitz” deberá cumplir sentencia por complicidad en 300.000 asesinatos

03/Ago/2017

Uypress

A los 96 años, el “contador de Auschwitz” deberá cumplir sentencia por complicidad en 300.000 asesinatos

La justicia alemana rechazó la apelación presentada por la defensa y Oskar Gröning, conocido como “el contador de Auschwitz”, deberá cumplir su condena, bajo supervisión médica.
El «pobre viejito», como podría ser definido por algún político local, está acusado de complicidad en el asesinato durante el régimen nazi de 300.000 personas en el campo de exterminio de Auschwitz.
Oskar Gröning, de 96 años, excontable del campo de exterminio, fue declarado apto para cumplir su condena de cuatro años de cárcel a pesar de su edad, indicó este miércoles a la agencia AFP la fiscalía alemana.
«La fiscalía rechazó una petición de la defensa para conmutar la pena por una condena en suspenso», anunció Kathrin Söfker, vocera del fiscal de Hannover.
Las autoridades tomaron su decisión después de que Gröning se sometiera a un análisis de salud. «El médico concluyó que el encarcelamiento es factible si se cumplen determinadas condiciones», precisó Söfker. El centro de detención deberá poner a disposición equipos y tratamientos adecuados para el preso. «La ejecución de la condena todavía no ha sido ordenada», añadió la portavoz. «La fiscalía aún debe pronunciarse al respecto», dijo.
En 2015, Gröning fue condenado a cuatro años de prisión por «complicidad» en el asesinato de 300.000 judíos.
Durante su juicio se disculpó por lo ocurrido y reconoció una «falta moral». El ex soldado también confiscaba dinero y joyas a los prisioneros, informó el portal Infobae.
En los últimos años, varios ex nazis fueron juzgados por hechos similares en Alemania, ilustrando la mayor severidad de la justicia alemana con estos delitos, tras años de relativa indulgencia.
Por otro lado, las víctimas y sus familiares han reclamado una mayor velocidad en los juicios. «Los sobrevivientes de Auschwitz no tienen tanto tiempo como la Justicia alemana», exclamó el año pasado Roman Kent, de 90 años, ciudadano de Nueva York y presidente del Comité Internacional de Auschwitz, cuando todavía estaba en suspenso la apelación de Gröning.
Más de un millón de personas -la gran mayoría judíos- fueron asesinadas en el campo de Auschwitz – Birkenau en el período 1940 – 1945.
En el primer día de su juicio en Alemania, en la ciudad de Lünemburg, a unos 50 quilómetros de Hamburgo, Oskar Gröning, excontador de Auschwitz, pidió «perdón» a las víctimas del Holocausto asumiendo su culpabilidad «moral», pero distinguió su trabajo del de los verdugos.
«Sin duda soy moralmente cómplice», declaró el anciano. «Y también admito esa culpabilidad moral aquí, con arrepentimiento y humildad frente a las víctimas. Pido perdón», declaró Gröning.
El «contador de Auschwitz» es uno de los pocos que relató la vida cotidiana de los miembros de las SS en el campo de exterminio, una vida que él calificó de «normal», como la de un pueblo, con verdulería, vecinos… En una entrevista publicada por el semanario Der Spiegel hace ya más de diez años, contó cómo él y sus «colegas» jugaban a las cartas y bebían mientras hablaban del olor de los cadáveres quemándose, de cómo los cuerpos se levantaban al arder.
Entre 1942 y 1944, Gröning vio la pila de muertos en un par de ocasiones, por ejemplo cuando todos los SS salieron a la caza en medio de un intento de fuga. Para él, según confesó a Der Spiegel, el exterminio de los judíos era «un método de guerra» y las matanzas eran «horribles» pero se enmarcaban en «lo necesario».
Recién en 1980, en un testimonio que escribió para sus hijos y algunos amigos, confesó que había escuchado los gritos de socorro de quienes perecían asesinados en las cámaras de gas.
Los millones de víctimas «no fueron asesinados por jerarcas nazis», fueron justamente estas «rueditas» las que permitieron el funcionamiento de la maquinaria de exterminio, declaró el abogado Thomas Walther a la emisora berlinesa Inforadio, en ocasión del juicio celebrado en 2015.
Walther criticó fuertemente a la justicia alemana por haber descartado una y otra vez la responsabilidad de los administradores grises del Holocausto, los llamados «criminales de escritorio» que ocupaban funciones como la de Gröning en los campos de exterminio.